Tabulé

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Ya ha pasado un año desde el último post de este blog. Un año en el que no he dejado de cocinar, pero en el que he querido priorizar mi tiempo para otras cosas, como escribir de una vez mi tesis. Y ahora que ya está terminada y lista para ser defendida, ya no tengo excusas para no seguir compartiendo mis pequeños avances culinarios. Y para ello nada mejor que recomenzar con un clásico de mis últimos veranos que dejé a medio escribir el año pasado: el tabulé (o mi versión del mismo).

El tabulé es una ensalada originaria de la zona del Líbano y Siria, ideal para la época veraniega por ser ultrarrefrescante. Sus ingredienes principales más característicos son bulgur, limón, perejil y menta. Para los que no lo conozcáis, el bulgur es trigo cocido, secado y posteriormente machacado. Lo podéis encontrar más fino o más grueso. Cuando yo vivía en España no lo vi nunca en el supermercado, pero de eso ya hace tiempo así que igual ahora es más fácil de encontrar. Aquí en Holanda lo tienen en todos los supermercados a un precio a veces desorbitado. Por suerte en los numerosos comercios árabes lo venden a precios razonables. Si no encontráis el bulgur, lo podéis sustituir por cuscús. Pero ya os aviso que el resultado no es el mismo, sobre todo en cuanto a la textura.

En mi versión del tabulé, no suelo usar perejil. ¡Herejía! El motivo es que el plato lleva cantidades industriales de perejil y yo no muy amigo de echar tantas especias/hierbas a los platos. Cuando lo he echado ha sido en menor cantidad y lo cierto es que no lo he notado mucho (quedaba camuflado bajo la menta) así que al final he optado por prescindir de él. Pero os animo a usarlo si queréis aproximaros más al sabor original, en lugar de acabar haciendo mi especie de ensalada con menta. Que por otro lado está muy rica 🙂

Dificultad

No hace falta tener un doctorado

Tiempo

Preparación: 15-30 minutos

Enfriado: unas 2 horas.

Ingredientes

(para dos personas)

  • 160 gr de bulgur (o en su defecto cuscús)
  • 1 ó 2 limones
  • 2 tomates maduros
  • Una cebolleta (o una cebolla pequeña)
  • Un pepino
  • Aceitunas
  • 2 ramitas de menta fresca (sí, fresca)
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
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Bulgur, hortalizas, limón y menta listos para refrescarnos el verano

Elaboración

En primer lugar, cocemos el bulgur. Para ello ponemos a hervir en una cacerola un volumen de agua 1,5 veces mayor que el de bulgur. Una vez que el agua rompe a hervir, apagamos el fuego y añadimos el bulgur a la cacerola. Tapamos y dejamos que se hidrate entre 10 y 30 minutos, dependiendo del tipo de bulgur (seguid las instrucciones del fabricante).

Cortamos todas las hortalizas en daditos y las colocamos en un bol grande. Añadimos las aceitunas, el zumo de limón y la menta picada.

Una vez cocido el bulgur, lo escurrimos si ha quedado algo de agua. Lo añadimos al bol, y mezclamos bien. Salamos, echamos un buen chorrito de aceite de oliva y mezclamos bien de nuevo. Tapamos y metemos en la nevera unas dos horas si queremos que esté bien fresquito, que la época del año seguramente lo requiera.

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Es un plato muy fresco y versátil para el verano. Nosotros lo coemos en casa, nos lo llevamos al parque, al trabajo… De hecho lo mejor que he podido hacer este verano ha sido comprarme una planta de menta, porque le estoy sacando un partido para hacer tabulés…

¡¡¡A disfrutar!!!

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Salmorejo

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Chicarrón del norte como soy, toda mi infancia y adolescencia transcurrió en el más absoluto desconocimiento de las bondades gastronómicas del sur. Yo pensaba que Gazpacho era sólo un dibujo animado que siempre iba con Mochilo y con Pincho. No fue hasta mi época universitaria en Zaragoza (ciudad que rivaliza con Sevilla como capital española del calor sofocante) que descubrí el gazpachito andaluz. Y aún tuve que esperar más y viajar hasta Córdoba para conocer y probar el salmorejo cordobés.

Fue en el primer restaurante que entramos nada más llegar a Córdoba: queríamos comer algo típico y nos topamos con un restaurante desierto (no se veía ni al camarero), oscuro, con pintadas en la pared y con una decoración que me recordó un poco a un restaurante chino. El menú era un poco caro para nuestro estándar de entonces (>20€) pero estábamos de vacaciones y nos arriesgamos porque tenía todo lo que queríamos probar. Resultó que Las Caballerizas de los Marqueses era el restaurante de un hotel de cinco estrellas que no sé por que estaba vacío (las pintadas eran firmas de gente) en el que comimos de fábula: tempura de berenjenas con miel, salmorejo cordobés, rabo de toro y un postre que no recuerdo. Estaba todo muy bueno, pero para mí el gran descubrimiento fue el salmorejo. Con decir que lo primero que hice al volver de vacaciones fue preparar mi primer salmorejo os lo digo todo.

Y la verdad es que no podía ser una receta más fácil de preparar, así que ya estáis yendo al mercado a comprar unos buenos tomates maduros que hoy toca salmorejo cordobés.

NIVEL:

Entre muy fácil y tirado

TIEMPO:

15 minutos (más 2 horas de reposo)

INGREDIENTES:

(para dos personas)

Para el salmorejo:

  • Medio kilo de tomates maduros
  • 100 g de pan duro
  • 100 ml de aceite de oliva virgen extra
  • Medio diente de ajo
  • Sal

Para la decoración:

  • Un huevo
  • 30 g de jamón serrano
Ingredientes salmorejo

Ingredientes para el salmorejo, con el tomate chupando cámara (como buen protagonista de esta película)

ELABORACIÓN:

Cortamos el pan en trozos y lo ponemos en el vaso de la batidora.

Dependiendo de cómo de fino queramos que nos quede el salmorejo, podemos pelar los tomates y quitarles las pepitas. Lo primero es fácil: damos un par de cortes en el culo de los tomates y los escaldamos un minuto en agua hirviendo. Los enfriamos rápidamente en agua fría y se pelarán con suma facilidad. Quitar las pepitas es más engorroso y yo no suelo hacerlo. Una opción es tamizar el salmorejo, pero a mí me parece un rollo: casi que lo dejo para cuando venga alguien muy pero que muy importante de visita.

Cortamos los tomates en trozos y los incorporamos al vaso. Salamos y si el pan está muy duro dejamos reposar media hora para reblandecerlo.

Pelamos el ajo, quitamos el germen interior e incorporamos medio al vaso. Añadimos el aceite y trituramos bien con la batidora.

Tapamos y enfriamos en la nevera unas dos horas.

Lo podemos servir en boles con trocitos de jamón y huevo duro por encima.

Os recomiendo que lo comáis muy lentamente, que cuando se acaba le da a uno un bajón…

Pollo frío con pimientos y aceitunas

Pollo con pimientos rojos y aceitunas

Hoy os propongo uno de mis platos preferidos, sacado una vez más del blog de El Comidista. En esta ocasión confieso que mi aportación es mínima, pero es que nos gusta tanto que no me puedo resistir a traerlo aquí. Además, es un plato perfecto para el verano, ya sea para comerlo en casa o para llevárselo en un tupper al parque, a la playa o al trabajo (para los que todavía no tenemos vacaciones). Y a mí me pareció en su momento original, porque en mi casa no se estilaban las ensaladas de carnes frías.

En su blog, Mikel L. Iturriaga usa lomo de cerdo en lugar de pollo, aunque ya avisa que se puede hacer con cualquiera de las dos carnes e incluso con ternera. Yo me decanto por el pollo, aunque una vez usé solomillo y confieso que también estaba rico. En cualquier caso, os aconsejo al igual que hace él que no os paséis con la cocción de la carne, para que no quede seca. Por lo demás, no podía ser un plato más sensillo de elaborar, así que no tenéis escusas.

NIVEL:

Para pimpollos recién salidos del cascarón

TIEMPO:

40 minutos, más unas dos horas de reposo en la nevera

INGREDIENTES:

(para dos personas)

  • 400 g de pechuga de pollo
  • 80 g de aceitunas negras (yo usé de la variedad griega Kalamata)
  • 1 cebolla pequeña
  • Medio diente de ajo
  • 1 pimiento asado
  • Pimentón
  • Tomillo seco (opcional)
  • Sal, aceite y vinagre
Ingredientes

Casi todos los ingredientes. La cebolla y el ajo llegaron tarde a la fiesta (y se les vio muy juntos toda la tarde)

ELABORACIÓN:

En una fuente de horno, colocamos las pechugas con un poco de pimienta, tomillo y un chorrito de aceitede oliva. Asamos durante unos 25 minutos a 220 ºC.

Mientras tanto, cortamos la cebolla en juliana o en dados y, si se quiere que pierda fuerza (la mía haría llorar al hombre de negro), la ponemos en un recipiente con agua, vinagre y sal unos 20 minutos.

Deshuesamos las aceitunas y las ponemos en un bol grande. Añadimos el pimiento asado cortado en tiras o trozos, el ajo picado y la cebolla. Si no sois muy amigos del ajo crudo, lo podéis cortar en trozos grandes y retirarlo antes de servir el plato.

Una vez que el pollo esté asado, lo cortamos en trozos y lo dejamos templar. Una vez templado, añadimos el pollo y los jugos que haya soltado durante la cocción al bol y añadimos pimentón al gusto.

Por último, salamos y añadimos una cucharada de vinagre y tres de aceite. Mezclamos bien y probamos para rectificar el aliño.

Metemos en la nevera al menos dos horas si lo queremos servir frío, que es como corresponde a esta época del año.

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Pizza con masa casera

Pizza casera

Sin duda alguna uno de los platos más exitosos a nivel mundial es la pizza. Da igual en qué parte del mundo te encuentres que siempre podrás comerte una pizza, ya sea la fina tradicional italiana o la más grasienta y gorda americana. Y si el presupuesto no nos da para restaurantes, siempre queda la opción de la pizza congelada precocinada que nos ha resuelto más de una cena a estudiantes, solteros, casados, vagos… Me acuerdo que incluso mi propia madre, tan alérgica en general a las moderneces culinarias, solía comprar bases de pizza cuando era pequeño y luego las hacía a su gusto (no tanto al mío) con ingredientes frescos.

Yo confieso que, aunque tengo en muy alta estima la comida italiana, me he cansado de ir a un restaurante italiano y que el 90% de la carta sea pasta y pizza. Sobre todo porque esa pasta no es mucho mejor que la que puedo hacer yo, aunque sí que tiene mucho más queso para disimularlo. Y desde que descubrí que hacer tus propias pizzas en casa es mucho más fácil de lo que parece, ya casi ni piso los restaurantes italianos de mi ciudad. ¡Con lo buena que estaba esta pasta que me comí en Florencia! ¡O ese calzone de Pádova! Eso sí, lejos de las zonas más turísticas, porque los macarrones con tomate que me comí en Venecia eran dignos de ir al Tribunal internacional de la Haya.

Así que, mientras preparamos nuestra próxima visita a Italia, os aseguro que es más divertido, sano e incluso sabroso hacer vuestras propias pizzas. E incluso podréis fardar ante vuestros amiguetes de ser unos maestros pizzeros. ¡¡¡Si es que son todo ventajas!!!

NIVEL:

Molto facile e divertente

TIEMPO:

Una hora y cuarto

INGREDIENTES:

(Pizza mediana para unas dos personas)

Para la masa

  • 150 g de harina
  • Medio sobre de levadura para pan
  • 100 ml de agua
  • Sal
  • Orégano (opcional)

Para la pizza

  • Salsa de tomate
  • Queso rallado
  • Los ingredientes que os apetezcan (en mi caso, jamón cocido, calabacín, pimiento rojo y amarillo y albahaca)

ELABORACIÓN:

En primer lugar prepararemos la masa de la pizza . Yo sigo casi al pie de la letra las indicaciones de esta entrada del blog Directo al Paladar, que explica perfectamente y con muchas imágenes el proceso de amasado. Simplificándolo un poco, éste consiste en mezclar en un bol la harina, la levadura, el aceite, la sal y el agua templada. Al principio, podéis mezclarlo con una cucharilla, para evitar embadurnaros las manos. Una vez que la masa empieza a tener algo más de consistencia, procedemos a homogeneizarla con las manos dentro del mismo bol. Posiblemente tengáis que rectificar de agua o harina (nosotros casi siempre vemos la masa muy húmeda y añadimos harina).

A continuación, sobre la misma encimera (¡¡¡BIEN LIMPIA!!!) espolvoreamos un poco de harina y procedemos al amasado final. En él estiramos la masa haciendo un cilindro, juntamos las puntas y repetimos, girando de vez en cuando la masa. Al cabo de unos cinco o diez minutos de amasado, hacemos una bola y reservamos en un lugar cálido.

Pasado ese tiempo veréis que la bola ha aumentado algo de tamaño. Enharinamos la encimera de nuevo y la extendemos con el rodillo. Siguiendo el consejo de nuestra amiga Pepa, que ha vivido un par de años en Pisa, os recomiendo hornear la masa en el horno durante unos 8-10 minutos a 220 ºC sobre papel de horno antes de colocar los ingredientes. Antes no lo hacíamos y la masa quedaba un poco cruda por arriba. Desde que lo hacemos, tenemos una masa supercrujiente que, sinceramente, no tiene nada que envidiar a la de los restaurantes italianos de por aquí

Una vez horneado la masa, la sacamos y procedemos a poner los ingredientes que queramos, empezando eso sí por la salsa de tomate y terminando con un buen queso rallado. Añadimos un poco de sal y un chorrito de aceite de oliva y horneamos durante unos 15 minutos a 250 ºC (mi horno no da para más).

Tened en cuenta que hay algunos ingredientes, como la rúcula o la albahaca que no admiten horneado. Por ejemplo, nosotros pusimos unas hojas de albahaca fresca a las que el calor del horno habría achicharrado cual alemanes en Mallorca.

Hornear pizza

Buon appetito!

Ternera en salsa de tomate y albahaca con cuscús frío

17_Emplatado

Esta vez me ha salido un nombre de plato tan largo que parece sacado de un restaurante con pretensiones. Pero lo cierto es que no podía ser algo más simple, ya que no tiene mucho más que lo que se indica en el título de esta entrada. La idea del plato, como muchas otras veces, surgió de un cúmulo de circunstancias: por un lado, dar salida a mi tiesto de albahaca y por otro, me vino a la memoria un plato de cordero en salsa con cuscús frío que probé recientemente en un restaurante de Delft, el Poskantoor. Así que, por una vez, me propuse experimentar un poco.

En lugar de cordero empecé con ternera. Y como quería usar la albahaca, pensé que le vendría muy bien una salsa de tomate natural. Por su parte, lo del cuscús frío es algo que me pareció original, porque crea un contraste sorprendente con la carne en salsa caliente. Si tenéis algún invitado en casa lo podéis probar (con esta receta u otra parecida que se os ocurra) y seguro que le sorprendéis gratamente. Yo en este caso le puse cúrcuma al cuscús para experimentar un poco más, aunque me parece que aporta más color que sabor. Al final, entre el amarillo del cuscús y el rojo del tomate el plato parecía un poco una bandera. Pero a esatas alturas no creo que nadie se extrañe de que me tiren un poco los colores de la bandera de Aragón 😛

NIVEL:

Si se me ha ocurrido a mí, muy difícil no puede ser

TIEMPO:

1 hora

INGREDIENTES:

(para dos personas)

  • 300 g de carne de ternera para guisar
  • 3 tomates de pera maduros
  • Una cebolla
  • Un diente de ajo
  • Albahaca fresca (unos 10 g)
  • 80 g de cuscús
  • Cúrcuma (opcional)
  • 8 aceitunas negras (opcional)
  • Sal y pimienta

17_ingredientes

ELABORACIÓN:

Comenzaremos preparando el cuscús para que nos dé tiempo a que se enfríe. Para ello medimos en un vaso la cantidad de cuscús y lo pasamos a un bol algo mayor. Medimos la misma cantidad de agua (o de algun caldo de verduras) y la vertemos en una olla junto con media cucharadita de cúrcuma. Cuando empiece a hervir, apagamos el fuego y vertemos el agua en el bol con el cuscús. Tapamos y esperamos cinco minutos para que el cuscús se hidrate. Lo dejamos enfriar (lo podéis extender un poco en un plato para acelerar el proceso)  y, cuando ya esté templado, lo ponemos en la nevera.

Mientras tanto, en una olla calentamos un poco de aceite y doramos ligeramente la carne de ternera salpimentada previamente. Añadimos la cebolla y el ajo picados y sofreímos cinco minutos. Por último incorporamos los tomates cortados en trozos grandes y la albahaca. Cocinamos hasta que la ternera esté en su punto (entre 25 y 40 minutos, dependiendo del tamaño y de la pieza, pero tampoco me hagáis mucho caso que a mí me cuesta pillarle el punto a este tipo de cocciones). Lo mejor de este guiso es el olor a albahaca, que no me permite alejarme del fogón aunque no tenga nada que hacer ahí. Finalmente, cuando queden cinco minutos, podemos añadir las aceitunas negras cortadas en dos mitades. Pero si van a ser de bote chungo como las que puse yo, os lo podéis ahorrar.

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Emplatar separando el cuscús frío en un lado del plato y el guiso de ternera caliente en el otro. Comer inmediatamente para disfrutar del sabor y, sobre todo, del contraste de temperaturas. ¡¡¡Ya me contaréis que os parece!!!