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Restaurante Gaby

La semana pasada tuvimos un evento familiar en Pamplona y, aprovechando el viaje a España, decidimos hacer un poquitín de montaña por la zona, que lo de los Países Bajos no lo pusieron al azar: el punto más alto tiene unos 200 metros. Ejem, me parece que hay torres más altas en Benidorm.

SITUACIÓN:

El sitio elegido fue el valle de Hecho, en Huesca, dentro del Parque Nacional de los Valles Occidentales. Y para disfrutar mejor de la montaña nos cogimos dos noches en una casa rural del pueblo de Hecho. El pueblo es bastante más bonito de lo que nos imáginábamos por las fotos que habíamos encontrado por internet y nos deparó agradables sorpresas como el museo al aire libre de esculturas. Y la zona está llena de posibilidades: montañismo, ibones, el precioso valle de Aguas Tuertas, la Selva de Oza, una calzada romana…

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Típica casa pirenaica en Hecho

Una vez allí, hicimos una búsqueda rápida en el móvil de opiniones sobre los restaurantes del pueblo, más que nada por no meternos en ningún tugurio. Pero para nuestra sorpresa, dos de ellos tenían críticas excelentes: el Canteré y el Restaurante Gaby. Y no podíamos desperdiciar semejante oportunidad de comer bien, que eso es otra cosa en la que aventajamos a mis queridos amigos holandeses. Desgraciadamente el Canteré estuvo cerrado durante los dos días que permanecimos en Hecho, por lo que nos quedamos sin catarlo (y ellos sin que yo pueda recomendároslo). A cambio, pudimos repetir en el restaurante Gaby, donde volvimos encantados por la calidad de la comida y el trato recibido el día anterior.

RESTAURANTE:

El Gaby es un pequeño restaurante de sólo seis mesas dentro del hostal Casa Blasquico. Según cuentan en la web, el restaurante lleva el nombre de su fundadora, Gabriela Coarasa. Actualmente la cocina está a cargo de su sobrino. En él podéis encontrar principalmente platos tradicionales, aunque también hay algunos con toques más modernos. La decoración es un poco viejuna, con millones de cuadros de costura y otros relacionados con la trayectoria del restaurante que apenas dejan ver las paredes. Para mi gusto un tanto abigarrado, pero no deja de tener su encanto. Imagino que habrán querido mantener un ambiente similar al de antaño, en homenaje a la dueña original. ¿El precio? Entre 12 y 16€ por plato, casi siempre abundantes.

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En esta foto me podéis ver el interior del restaurante, con la ensalada que compartimos: sí, los dos platos son una única ración

COMIDA:

En los dos días que cené en el restaurante pude probar varios platos: tres primeros, dos segundos y dos postres. Había otros que me habría apetecido probar, como el cardo con bacalao o los garbanzos con cocochas, pero mi estómago no es infinito y los dejo para la próxima ocasión.

Primeros

Ensalada de jamón de pato, nueces y coulis de frutas. El primer plato que comí fue posiblemente el que más me gustó de todos. Generoso de ración, era un plato fresco por la presencia de piña y la vinagreta de frutos rojos, con toques crujientes de las nueces y algún piñón y con el jamón de pato, que es una de mis debilidades. Nos gustó tanto que no dudamos en rebañar todo el plato, con lo que nos ganamos al cocinero que vino a agradecérnoslo con un sentido del humor típicamente aragonés. Y es que sin duda, uno de los puntos fuertes del restaurante es la personalidad cercana, abierta y punzante del cocinero: todo un personaje.

Crêpes de setas. No soy un gran fan de las setas, especialmente cuando son las protagonistas indiscutibles de un plato, así que en este caso me remitiré a la opinión de mi pareja, al que le encantó. Tan sólo puedo aportar que el plato era mucho más jugoso de lo esperado, con lo que también dio lugar a mucho “rebañado”.

Verduras rellenas. Sin duda el plato estrella de la casa. A nosotros nos sirvieron seis verduras (pimiento verde, cebolla, zanahoria, calabacín, berenjena y patata) rellenas de una salsa con carne picada. El cocinero nos contó que es el plato más antiguo de la carta y el que más le cuesta preparar. Se nota el esfuerzo y el trabajo porque el resultado es espectacular.

Segundos:

Conejo en salsa de almendras. Al parecer es otro plato muy típico del restaurante. Mentiría si no no dijera que estaba muy rico, pero creo que mi madre puso el listón muy alto en mi infancia en lo relativo a los guisos y asados de conejo (mis padres los criaban en la finca familiar). Las comparaciones a veces son odiosas.

Confit de pato. Tengo debilidad por el confit de pato y, como es un plato que no cocino en casa, suelo pedirlo a menudo cuando lo veo en la carta. En esta ocasión me resistí, pero el segundo día no pude y caí en la tentación. Estaba muy bueno. Ha sido recordarlo y ponerme a salivar…

Todos los segundos que probamos venían acompañados de la misma guarnición: un par de espárragos trigueros, patatas fritas (o más bien semifritas), un poco de acelga y un revuelto de pimientos rojos, champiñones y ajo. Estaban ricos, pero no tenían mucho sentido con el plato en sí (sobre todo con el conejo) y estéticamente aportaban un aire de plato combinado deluxe. Bueno, no me hagáis mucho caso: me parece que estoy viendo demasiado Masterchef… 😛

Postres:

Los dos días llegué a los postres completamente saciado y sin mucho hambre. El primer día pedimos un sorbete de frambuesa para compartir, que en realidad no era un sorbete sino un helado. No estaba mal, quizá un poco sencillo para lo que me esperaba. El segundo día yo pedí un flan de manzana que para mi gusto estaba bastante mejor.

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Casa Blasquico, con el restaurante Gaby en su planta baja

 

Resumiendo: el restaurante Gaby es una pequeña joya que nos encontramos casi de casualidad en un pueblo tan pequeño y aparentemente alejado de todo como Hecho. Merece la pena pasarse por ahí tanto para disfrutar del pueblo y la naturaleza como de la excelente comida y trato que el visitante recibe en este restaurante. Nosotros volveremos sin duda, que tenemos un par de cuentas pendientes. Y seguro que repetimos.

El Batán (Tramacastilla, Teruel)

Inauguramos hoy una nueva categoría de entradas en la que, cuando tengamos la oportunidad de comer en algún sitio interesante, os contaremos qué tal ha ido la experiencia. Eso sí, no somos críticos ni expertos gastronómicos, así que nuestra intención es sólo comentar que nos pareció la comida, el ambiente, el trato, etc.

Ya os he contado que hemos estado enganchados a las primeras ediciones de Masterchef y Topchef, por lo que este año hicimos algo más de caso cuando salió la noticia de la nueva lista de restaurantes con estrellas MIchelín. Como yo soy navarro y mi pareja de Teruel, nos fijamos en nuestras respectivas regiones: en Navarra hay tres restaurante con una estrella, en uno de los cuales -El Europa- comimos (y muy bien) recientemente en unas bodas de oro; y en Teruel resultó que le acababan de dar la primera estrella a un restaurante turolense: El Batán.

SITUACIÓN:

Antes de Navidad, estuve unos días en Teruel visitando a la familia política y nos fuimos con mi cuñado de excursión a Tramacastilla, un pueblo muy pequeñito en la sierra de Albarracín. Por cierto, tenéis que visitar la zona, que si no la conocéis no sabéis lo que os estáis perdiendo. Allí hicimos una rutilla mañanera por los alrededores y, a la hora de comer, nos pusimos un poco más elegantes y nos dirigimos a El Batán. El edificio es un antiguo lavadero de lana (de ahí el nombre) situado a un kilómetro de la entrada del pueblo. A mí me pareció que no le vendría mal una pequeña reforma para sacar más partido estético a un edificio rural con bastante encanto.

Edificio Batan

Exterior del hotel-restaurante El Batán. Fuente: Tripadvisor

RESTAURANTE:

La primera impresión del interior del restaurante fue mucho más positiva, ya que está muy cuidado y es realmente acogedor. Nosotros teníamos reserva, pero el comedor no estaba lleno aunque era justo el sábado antes de Navidad. De todas formas, en estos sitios es siempre mejor reservar. Nos recibió el jefe de sala y propietario del restaurante junto a su pareja -que creo que es la chef del restaurante- y nos sentó en una amplia mesa redonda junto a la ventana. Había un grupo de ocho personas y algunas parejas ya sentadas (alguna más vino posteriormente) y el ambiente era muy tranquilo, con música americana tipo años 30 de fondo, a volumen muy bajo.

Mesa-Batan

Nuestra mesa, la misma que aparece en la noticia de El Periódico de Aragón

El restaurante tiene básicamente carta y dos menús: el Gourmand tradicional y el Gourmet, más moderno y que al parecer se cambia regularmente. En la web no está actualizado (aparece el de 2012, que tiene muy poco que ver con el actual). Los tres elegimos el menú moderno, que tiene más platos y nos permitía probar más cosas. Lo más característico de la cocina de El Batán es que se basa en el producto local: muchos de los ingredientes (setas, manzanas,…) los producen ellos mismos y en general casi todo es típico de la zona (jamón, trufa…). Y en cuanto a bebidas, los tres cogimos agua porque no somos muy bebedores. Tenían una amplia carta de vinos que ojeamos, pero poco os podría decir.

COMIDA:

Y vayamos ya con la comida. Ya os aviso que no tenemos fotos (no me gusta hacer fotos mientras como y menos en un sitio así, pero podéis encontrar algunas por internet), así que intentaré describiros lo mejor posible lo que tomamos. Tampoco tengo el nombre completo del plato porque no está en la web :(. Tiraré de memoria y, si veo que actualizan la información de este menú, modificaré la entrada.

Aperitivo:

De aperitivo, nos pusieron un cóctel Manhattan muy muy suave (y bastante rico) y unos chips de verduras (yo creo que eran de calabacín y calabaza).

También nos trajeron el pan (a elegir entre cuatro tipos diferentes, pero todos optamos por el pan de leña de Albarracín, que tiene bien ganada su fama) y nos pusieron un poco de aceite de oliva junto al mismo.

Además, nos trajeron cuatro tipos de sales para la comida: una para carnes rojas, otra para blancas, una tercera para pescados y la última para pastas, arroces y verduras.

Primeros:

El primer plato, cortesía de la casa, fue una crema de hongos y parmesano que de sabor me recordó a otras cremas de hongos. Estaba realmente muy buena, así que buen comienzo.

A continuación nos pusieron algo así como salmón ahumado con brunoise de falso guacamole, aire de limón, mermelada de manzana y vinagreta de pepino. Lo de falso guacamole era porque estaba adaptado a los productos de la tierra (tenía el tomate local, melocotón…). No estaba mal, pero sin duda fue el plato que menos triunfó. Al menos a mí el guacamole no me pareció muy allá (el que hacemos en casa me gusta más).

Para “compensar”, nos trajeron unas alcachofas con jamón de Teruel y y un ladrillito dorado de foie, con una salsa de soja y de algo más que no recuerdo que estaban muy ricas. A mí no me gustan mucho las alcachofas, pero estas estaban muy buenas: con jamón y foie creo que me comería hasta la suela de un zapato viejo.

El último de los primeros fue una lasaña de boletus con queso de cabra de curación cero (vamos, sin curar) que nos encantó. Posiblemente el plato que más me gustó. Y no sé por qué; tal vez fuera que me sorprendió que estuviera tan bueno.

Segundos:

El plato de pescado fueron unas cocochas de bacalao, pero lo único que recuerdo del acompañamiento son unas setas trompeteras -que nos pusieron porque las que llevaba el plato se habían helado- y una espuma de ajoaceite que me encantó. Según me contaron mis acompañantes turolenses, el ajoaceite es una salsa parecida al alioli, que se hace con ajo aceite y yema de huevo, que le da color amarillo. Y aquí, con esa textura espumosa estaba tan bueno que creo que por eso no me acuerdo del resto del plato.

A continuación nos sirvieron un solomillo con una salsita de setas, algo de queso y trufa rallados por encima, y un minibizcochito de guarnición. La carne estaba en su punto y yo no supe apreciar la trufa (falta de costubre o que había muy poca). Curiosamente lo que más nos sorprendió fue el bizcochito, muy crujiente por fuera y tierno por dentro. Lástima que fuera tan pequeño.

Postres:

El primero de los dos postres fue un helado de té de roca con manzana muy refrescante. Como su nombre indica, este tipo de té crece en rocas y es muy típico de la zona. tanto el sabor como la idea me resultaron originales; sin duda de lo más sorprendente del menú.

Y para terminar, nos sirvieron una tarta de queso con bola de chocolate y avellana, turrón de Jijona, helado de turrón de Jijona y chocolate caliente. La tarta estaba muy buena y yo nunca digo que no al chocolate, pero para mi gusto eran demasiadas guarniciones: yo le habría quitado la de turrón. Para aligerar y para que parezca que critico algo.

En resumen, estuvo todo fantástico, tanto la comida, como el lugar y la atención. A mí, que venía de Holanda -en palabras de un compañero de trabajo de allí el país desarrollado con peor gastronomía del mundo- me pareció el no va más, y encima el precio no lo considero caro para lo que comimos: si vierais lo que he llegado a pagar allí por cualquier atentado al paladar… así que no puedo si no recomendaros que visitéis la zona y, si vuestra cartera os lo permite y os apetece, no dudéis en pasaros por El Batán. Yo repetiré cuando vuelva por allí.

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Los tres mosqueteros sentados a la entrada del restaurante, haciendo la digestión